HUMILDE ESCLAVO DEL SEÑOR


RUBÉN CEDEÑO

LIBRO: MAGNIFICAT


PORQUE HA MIRADO LA HUMILDE CONDICIÓN DE SU ESCLAVO.
QUIA RESPEXIT HUMILITATEM ANCILLAE SUAE


Dice literalmente el Magníficat: El Alma de uno Magnifica al Señor y el Espíritu se regocija en Dios, su salvador porque ha mirado la humildad de su esclavo. Solo se engrandece quien se empequeñece ante la grandeza del Señor. El ser reconocido, el tener títulos, el ser considerado un maestro, el facilitar enseñanzas, el creerse de determinada estirpe, prelado, discípulo, maestro o santo, el no seguir a nadie, escuela o gurú, poco a poco, sin darse cuenta, va llenando de vanidad, prepotencia, superioridad, separación, a la persona y así pierde la humilde condición de esclavo del Señor. El ¡Magníficat! como “Credo de los Estudiantes Conscientes”, señala un camino diferente al de la vanidad espiritual y la ambición y es el de ser “Humildes Esclavos” del Señor. Dios, su gracia, sus bendiciones, sus dádivas y milagros no bendicen al soberbio, engreído, prepotente, vanidoso, ambicioso, altanero o mal agradecido. Dios solo mira a aquel que humildemente como esclavo, sin considerarse nada, como si fuera “Nadie”, se postra de rodillas ante su Voluntad, no poseyendo títulos de ningún tipo, considerando todas sus posesiones, logros, virtudes, o encantos, como posesiones de Dios. Un real estudiante espiritual o discípulo, si lo es verdaderamente, es un “Esclavo del Señor”.
Así como los esclavos no tienen derecho a nada ni a reclamar cosa alguna, así es el estudiante espiritual ante Dios, el sacerdote, facilitador espiritual o el gurú, no tiene derecho a reclamar ningún asunto, ni puestos en el grupo, tampoco a que se le tengan consideraciones, sino a conformarse con lo que Dios buenamente le brinda y ser inmensamente agradecido de esto. Y si no lo hace así, ¿como va desenvolver la humildad? Mientras hay reclamos, no hay humildad, y si no hay humildad, no hay desaparición del “yo personal”, no hay realización de la Divina Presencia de Dios en uno, y si no hay esto, el perseguir una práctica espiritual, no tiene ningún objetivo.
El esclavo está encadenado a su Amo y el Amo es Dios, y Dios se manifiesta en el plano físico por medio de su Obra. Y la “Obra de Dios es comunicar su Enseñanza, realizar la labor del Grupo Espiritual, ayudar al desvalido, perdonar al insolente, amar al que nos odia, embellecer donde hay fealdad, sanar a los enfermos, proveer al necesitado, contemplar la Grandeza, el Amor, la Inteligencia y el Poder de Dios. El estudiante espiritual se encadena como esclavo voluntariamente a servir.
Repite en el silencio de tu alma: “Humilitatem Ancillae suae”; “Humilde esclavo del Señor”. Mantén estas palabras como un mantra en tu corazón y repítelas cuando te veas que te estás alzando, te estás creyendo más que los demás, mas que tu Señor.
En el “QUIA RESPEXIT HUMILITATEM ANCILLAE SUAE” del ¡Magnificat! de Bach, sabiamente el compositor pone esta frase en una humilde, aguda y sensible voz de mujer con timbre de soprano, que con una hermosa melodía en modo menor, ya que no podía ser otra su modalidad, va por encima de la orquesta deslizando estas profundas palabras de alto contenido espiritual. Antes del comienzo del solo de soprano, la humildad de esta frase es antecedida por un pequeño solo del oboe d’amore, que con su melancólico timbre bucólico, que atrae el estado de conciencia de la humildad, anunciando la melodía que va a entonar la soprano.
Federica Di Trapani Quia Respexit Magnificat Bach

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